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¿Tendrás un chocolate?

Cuando el verano limeño está en su cúspide, el ardor del mediodía es casi aniquilador, los termómetros dicen 30°C, mi piel dice 40 y subiendo, todo parece derretirse, los autos arden y el reflejo de las ventanas en los edificios parecen aumentar el brillo del sol, como si sus rayos quisieran eliminar de la faz de la tierra, cada ser humano que trata de pasar su día evitando con desesperación el sudor en sus espaldas. No hay viento fresco en Lima, la humedad es cercana al límite, la sensación de sofoque aumenta con cada paso. A medida que avanza el día, la estación parece deprimir a todos los que no están en la playa ni la piscina, trabajar es una osadía en medio del sopor de las paredes cerradas entre el computador tibio y el ventilador ruidoso. Las mañana de los lunes son siempre ruidosas, entre saludos y preguntas sobre los fines de semana de cada uno de los oficinistas, hasta las preguntas sobre qué almorzarás, caras de sueño rodean cada tarea, cada reunión. El café fresc...

La sonrisa alegre de Matilde

Matilde vivió hace un par de siglos, nadie sabe su apellido, nunca tuvo familia conocida, era viuda y vivía sola junto a su hija Mónica. Su casa era una granja vieja, con techos altos y ventanas amplias, rodeada de verde y campo labrado, ella misma lo había labrado con sus manos cada madrugada, y se encargaba junto con su hija, de cuidar a cada animal que ellas críaban, con paciencia. Matilde tenía 28 años, era joven aún, había enviudado hace ya cinco años, cuando Mónica cumplió cinco, casi no recordaba mucho a Mariano, su esposo, prefería mantener el recuerdo para sus días tristes, y por ahora no tenía tiempo de andar triste. Aquella era una mañana de invierno, la casa de Matilde se calentaba con la temperatura de la cocina de leña - Agosto siempre fue un  mes muy frío en la villa -, Mónica ayudaba con la juntada de leña por las tardes, apilaba los maderos y ramas secas y los dejaba cerca de la cocina. Matilde tomaba la leña suficiente para calentar agua y preparar la comida, e...

La corrupción en el sistema de salud pública no es sólo un asunto de funcionarios.

En estos dias los medios de comunicación y las redes sociales han inundado el espacio social con información, denuncias y demás, todo en referencia al escándalo asociado a la preventa de servicios de salud pública por parte de un asesor presidencial. Hay pruebas indiscutibles de qué, este asesor estaba negociando los servicios del Estado para beneficiar sus bolsillos y los de sus conocidos; esto, como muchos de los que hemos pasado por los servicios brindados por el estado, ya sea como usuarios y/o como trabajadores sabemos, no es cosa de este gobierno, ni es circunstancia novedosa, esto es el pan de cada día; a todo esto solemos llamarle burocracia a veces, y equivocadamente, por supuesto. Esta falta de transparencia, como se le llama internacionalmente, no es otra cosa que un asalto, un robo, una vil sustracción de los recursos del Estado, qué ojo, no son del estado, si no de todos los contribuyentes del estado, es decir, es dinero de todos nosotros, los ciudadanos que pagamos impue...